Wall-e Completa En Espanol -
La misión: limpiar el desastre. El resultado: un fracaso. Uno a uno, los WALL-E se fueron descomponiendo. Todos, excepto uno.
Y entonces ocurre el milagro: en medio del caos, WALL-E, que ha quedado reducido a una chatarra sin memoria, es reparado por EVE. Pero no recuerda nada. No la recuerda a ella. El momento en que ella, desesperada, toma su mano y él no responde… es devastador. Hasta que ella le da un pequeño beso. Y sus circuitos, de algún modo, vuelven a encenderse. "WALL-E", dice ella. "EVE", responde él, con su voz rota. Y se toman de la mano. WALL-E fue aclamada por la crítica, ganó el Óscar a Mejor Película de Animación (aunque muchos creen que merecía la nominación a Mejor Película, algo que no ocurrió) y hoy es considerada una de las mejores películas del siglo XXI.
Nuestro protagonista es ese último superviviente. Ha desarrollado una personalidad curiosa, casi humana. Pasa sus días compactando basura en cubos, coleccionando objetos perdidos (un cubo, un encendedor, un casete de Hello, Dolly! ) y viendo una y otra vez la misma escena de la película donde dos humanos se toman de la mano. wall-e completa en espanol
Claro, aquí tienes un artículo completo en español sobre WALL-E . Hubo un tiempo, no hace tanto, en que las películas animadas se consideraban "cosa de niños". Luego llegó WALL-E (2008) y, con solo un par de pitidos y un gesto oxidado, demostró que el cine de animación podía ser tan profundo, desgarrador y poético como el mejor de los dramas.
Como dijo Andrew Stanton: "La película trata de lo irracional y maravilloso que es el amor. Y de que vale la pena luchar por él, incluso si eres el último robot sobre la Tierra". La misión: limpiar el desastre
Dirigida por Andrew Stanton (responsable de Buscando a Nemo ), esta película de Pixar no es solo una historia de amor entre dos robots. Es una fábula ecológica, una crítica al consumismo, un espejo de nuestra propia humanidad y, probablemente, una de las películas más arriesgadas que jamás haya producido un gran estudio. Corre el año 2800. La Tierra está cubierta por un océano interminable de basura. La humanidad, incapaz de revertir el desastre, evacuó el planeta hace siglos a enormes naves interestelares. Sin embargo, antes de irse, dejaron un ejército de pequeños robots compactadores llamados WALL-E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class).
Su mensaje, tristemente, sigue siendo urgente. La acumulación de basura, el cambio climático, la desconexión social y la pereza inducida por las pantallas son temas más actuales que en 2008. Pero la película no es un sermón. Es una historia de amor. Y esa es su mayor fuerza: nos recuerda que el primer paso para salvar el mundo es mirar a los ojos de quien tenemos al lado, extender la mano y decir, sin palabras, "No quiero sobrevivir. Quiero vivir contigo" . Todos, excepto uno
El robot, con su diseño oxidado y sus grandes ojos prismáticos, expresa más ternura que cualquier personaje humano de carne y hueso. Vemos su rutina, su curiosidad, su gesto de guardar un objeto en su interior o el modo en que esconde la planta para protegerla. Pixar entiende que el cine es, ante todo, imagen y emoción. Cuando EVE se activa al encontrar la planta (y es recogida por la nave nodriza Axiom ), WALL-E se aferra a ella y viaja al espacio. Allí descubre el último reducto de la humanidad.
Los humanos, ahora en el año 2800, son seres grotescos: obesos, flotantes en sillas automáticas, con la piel decolorada y los huesos frágiles por décadas de gravedad cero y nulo ejercicio. Toda su vida transcurre frente a una pantalla. No caminan. No miran al frente. Un anuncio publicitario les dice qué ponerse, qué comer (todo en formato líquido) y cómo sentirse.
Está solo. Hasta que un día llega una nave blanca y elegante de la que desciende EVE (Extraterrestrial Vegetation Evaluator), una robot sonda ultraterrestre, veloz, brillante y con un cañón láser muy destructivo. Ella busca un signo de vida vegetal. Él busca… no estar solo. Y le enseña su mayor tesoro: una pequeña planta verde que brota entre la tierra y la basura. Lo que hace a WALL-E inolvidable son sus primeros 40 minutos. No hay diálogos. Solo pitidos electrónicos, ruidos mecánicos y la magnífica partitura de Thomas Newman. Es una apuesta total: contar una historia de amor y soledad interestelar sin palabras.