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En Tierras Salvajes Capitulo 1 -

El viento cambió entonces. Dejó de gemir. Y en el silencio que siguió, Martín escuchó algo que heló su sangre: no un rugido, no un aullido, sino un susurro. Alguien, muy cerca, dijo su nombre.

Capítulo 1: El último mapa

Llevaba nueve días perdido en la meseta desértica que los antiguos mapas llamaban “la garganta del diablo”. Su brújula había enloquecido la tercera noche, quizá por los depósitos de hierro en la tierra, quizá por algo peor. El agua se le acabó hace cuarenta y ocho horas. La comida, un puñado de frutos secos que masticaba con lentitud de condenado, le duraría otro día más.

—Eres un necio, Martín —se dijo en voz alta, solo para oír algo que no fuera el gemido del viento. en tierras salvajes capitulo 1

Martín se acercó con cautela. Al pie del tronco, medio enterrada en la arena, había una bota de cuero. Dentro, aún, los restos blancos de un pie.

—¿Quién anda ahí? —preguntó, la mano en el cuchillo.

Se incorporó con esfuerzo. Afuera, el sol no calentaba: castigaba. A lo lejos, las formaciones rocosas semejaban bestias petrificadas a medio rugir. Todo era seco, hostil, infinito. El viento cambió entonces

Se giró. No había nadie.

Pero el árbol tenía ahora una cinta más: la que él llevaba atada al sombrero. Alguien se la había quitado sin que él lo sintiera.

La única respuesta fue el sol quemando la tierra. Y allá al fondo, entre las rocas, una sombra que no proyectaba sombra. Alguien, muy cerca, dijo su nombre

Martín revisó una vez más el mapa que lo había llevado hasta allí: un pergamino amarillento que compró a un mercenario en un puerto sucio del sur. En el centro, alguien había dibujado un círculo rojo con una sola palabra al lado: “Cuna” . Según la leyenda, aquel lugar ocultaba el manantial que no se agotaba jamás. Pero nadie que hubiera ido en su busca había regresado para confirmarlo.

Fin del Capítulo 1