Luego trató de cubrirse con harina del molino. Parecía una vaca fantasma hasta que llegó la lluvia y la convirtió en una masa pegajosa. El granjero Pedro tuvo que bañarla con manguera, y las otras vacas se rieron durante una semana.
El granjero Pedro le dio un abrazo y le colgó una campana de oro al cuello.
Los niños llegaron al día siguiente, pero no corrieron hacia Blanca Nieves. Corrieron hacia Clemencia.